25 de noviembre de 2013

San Jorge y San Martín empataron bajo la lluvia

Fue un 0 a 0 más grande que la Ciudadela. El encuentro estuvo parado por doce minutos durante el complemento debido al fuerte temporal que azotó a la provincia.
POCO FÚTBOL. Lo mejor estuvo en las tribunas.
Catorce minutos del segundo tiempo. Atrás quedaba casi una hora neta de “anti-fútbol” que ambos equipos habían dejado pasar, con muchas imprecisiones, falta de criterio y el rechazo del protagonismo que ninguno supo tomar en el partido. Un feroz viento comenzó a soplar en La Ciudadela, que agitó a los presentes pero que no cambió el rumbo del encuentro.
El plomo que se estaba viendo era difícil de mover, por eso el agua comenzó a caer en gran cantidad, como si se tratara de un mensaje divino que castigaba a San Jorge y a San Martín, ambos con nombres de “elegidos de Dios” que al fútbol y a los ojos sólo hicieron herejías.
Ahí es cuando el arbitro Ariel Montero decidió parar. El viento en ese entonces movía las torres de iluminación y la densa cortina de agua no permitía ver con claridad, incluso a metros de distancia.
Esa pausa duró unos doce minutos, como son las lluvias en estas tierras a esta altura del año. La mayoría de la gente, a pesar de haber sido hostigada por el bodrio que se había observado hasta el parate obligado, decidió quedarse, quizá alimentada de ilusión de que el agua iba a cambiar la dirección del partido. Y para su desgracia, eso no ffue lo que pasó.

A NO PERDER. Scolari lucha, desde el piso, con Becica.
El 0 a 0 era inamovible. Pareciera que había estado sellado desde los primeros minutos del partido, cuando ambos se prestaban la pelota y no generaban ninguna situación clara.
A los 32 de la primera parte, en un borrador casi en blanco se destaca un remate de Jesús Soraire, que cuando recibió el balón giró rapidísimo sorprendiendo a Diego Pave. Casi nada. Seis minutos luego, Albano Becica, bien perfilado, le pegó mordido a una pelota que terminó saliendo casi a dos metros del palo más lejano de Nicolás Caprio. Un aviso.
En la segunda parte, cuando se jugaban 5 minutos, Luis Silba, tras una excelente jugada de Gustavo Ibáñez por derecha, no pudo conectar bien el centro en el borde del área chica. Casi, casi. Cinco minutos más tarde, el “Tanque” tuvo hizo una media vuelta que Caprio contuvo sin precauciones.
Eso y ahí nomás. Quizá se pueda contar un tiro libre de Becica, ya después de la lluvia. O el cabezazo de Rodrigo Herrera sobre el final, pero de haber sido gol la injusticia iba a ser terrible, ya que los pecados cometidos fueron por ambas partes.
Los dos “santos” hicieron llover. El de verde y en este caso el de naranja, nada de mecánica.


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